Este grafo pregunta qué procesos permiten dejar de interpretar un objeto únicamente por su identidad y uso convencional y volver a verlo como un conjunto de funciones, propiedades, partes, relaciones e interfaces. No postula una facultad única. Organiza una secuencia discutible pero examinable: representar → descomponer → des-fijar → generar → transferir → probar → juzgar.
La literatura procede de tareas, disciplinas y escalas diferentes. Una prueba verbal no equivale a una reparación; una técnica de ingeniería no es una teoría psicológica; un correlato neural no es una causa; una práctica pedagógica no queda validada por compartir vocabulario con un experimento. Cada ficha distingue hecho documentado, síntesis interdisciplinaria, límite y aplicación pedagógica.
La asistencia no reemplaza observación, prueba ni juicio.
Vocabulario controlado de etiquetas
Las fichas usan una raíz obligatoria —inventiva-bajo-restriccion— y etiquetas seleccionadas de cinco familias. No deben crearse sinónimos ortográficos para el mismo concepto.
El corpus vigila cinco relatos que pueden convertir diferencias situadas en esencias: el “genio” que inventa sin conocimiento; la población obligada por carencia y supuestamente creativa por naturaleza; el hemisferio o red cerebral excepcional; la analogía distante como superior por definición; y la IA como autor autónomo. Los casos de Cuba, RDA, Filipinas, Kenia, Irán u otros contextos del proyecto no prueban disposiciones nacionales. Documentan prácticas, infraestructuras, coerciones, conocimientos y oportunidades históricas concretas.
Criterio de lectura
La pregunta inicial “¿qué es?” no se descarta: conserva procedencia, peligros y relaciones sociales. Se la acompaña con una cadena de preguntas: ¿qué hace?, ¿cómo lo hace?, ¿de qué está hecho?, ¿qué partes pueden separarse?, ¿qué propiedades dependen del entorno?, ¿qué relación podría transferirse?, ¿qué más podría hacer?, ¿cómo sabremos si funciona y a costa de quién?