NLPgap Research

Abstract: Investigación en curso ·· Artículo en desarrollo

El problema del anglocentrismo en el desarrollo y entrenamiento de los MLGE recientemente ha comenzado a ser considerado como un ámbito de estudio en las ciencias de computación, específicamente por la disciplina del procesamiento del lenguaje natural ('PLN' por sus siglas en español y 'NLP' en inglés), como uno de los puntos focales de la reproducción, propagación y perpetuación de estereotipos y sesgos culturales provenientes de la cultura angloparlante.

Esta investigación se orienta a revisar la literatura más relevante emergente de expertos en NLP, específicamente el trabajo investigativo de Zhou et al. en su paper llamado "Culture is Not Trivia" de junio del 2025, y ofrece una mirada interdisciplinaria desde las humanidades, específicamente desde la teoría cultural latinoamericana, en pos de iniciar lo que podría llamarse una articulación práctica de sus hallazgos que harían posible la creación de modelos de lenguaje no solo técnicamente expertos en una cultura, sino culturalmente situados; modelos de lenguaje entrenados en datos localizados y afinados desde el centro de una cultura y no como espectadores de ella.

Como parte de esta tarea, se detallará un marco teórico específico para la región latinoamericana, el cual nos dará una plataforma sólida para entender las particularidades específicas de nuestra cultura, no solo en términos históricos, sino para no reducir aquellas características a meras "rarezas" de nuestras distintas variantes dialectales del español, y considerarlas como su pulso vivo.

Para ello se propone ahondar en las categorías de "ruido" (noise) y proxy cultural mencionadas en el trabajo de Zhou et al., como paso indispensable que posibilitaría de manera efectiva alcanzar la meta de crear sistemas culturalmente competentes. También propone una revisión metodológica del tratamiento de ambas categorías en los flujos del procesamiento del lenguaje natural, planteando que en ciertos contextos este no constituye mero residuo, sino portador de lógica cultural situada, requiriendo, en ciertos casos, una resignificación parcial de fragmentos del ruido como proxy epistémico, o bien la creación de una categoría intermedia que permita su integración sin pérdida de sentido.

Finalmente, en resonancia y coherencia con el desafío que este campo enfrenta, la presente investigación ha sido originalmente concebida y redactada en su idioma destino: español latinoamericano. Su posterior traducción al inglés constituirá un gesto que supone el desafío final que el área del NLP enfrenta en materia de competencia cultural a la hora de desarrollar modelos de lenguaje culturalmente atentos.

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Patrimonio, Identidad e Historia

Su interacción con la institución para la formación de público

Tesis para la obtención del grado de Licenciada en Teoría e Historia del Arte ·· Universidad de Chile, 2006 ·· Co-autoría junto a Isabel Ibáñez Figueroa ·· Profesora guía: María Eugenia Brito Astrosa

Lo que sigue es la introducción de la tesis, publicada aquí como muestra de escritura y como documento fundacional de la línea de investigación que hoy continúa en NLPgap. La pregunta es estructuralmente la misma: ¿cómo las instituciones reproducen acceso desigual a los bienes culturales, y qué se necesita para una democratización real?

Introducción

Cuándo se pronuncia la palabra cultura ¿qué es lo que generalmente se entiende por ella? El concepto de cultura que la mayoría de los chilenos manejamos en nuestro vocabulario se presenta como una definición muy general, semejante a las explicaciones de diccionario.

El término cultura a lo largo de la historia ha tomado diversos matices, y cada vez se han ido agregando puntualizaciones para cada una de las aplicaciones que se le ha dado al mismo. Es así, que cuando intentamos acercarnos a una definición precisa de cultura nos enfrentamos a una dificultad: del cómo asir conceptual y etimológicamente el término. Es que son tantas las definiciones, desde las más simples y generales, hasta las específicas y actuales, que se hace prácticamente imposible encontrar una descripción en la cual se puedan reunir todas y cada una de las ideas existentes sobre ella.

Hemos decidido ubicar una definición de cultura desprendida de trabajos sobre investigaciones de la historia, semiología, sociología y antropología; una definición que contenga rasgos distintivos comunes de la cultura. Los estudios de Néstor García Canclini, de Gabriel Salazar, entre otros, han been fundamentales en el momento de determinar la concepción precisa de cultura sobre la cual trabajaremos.

Como punto principal deberá tenerse en consideración que la cultura no puede entenderse como un todo general. A lo que nos referimos, es que este concepto siempre estará sujeto a una inevitable contextualización. Las culturas variarán, cualitativamente dependiendo de donde se originen, y en este sentido, la cultura estará supeditada a las sociedades. Es decir, esta será producto de una sociedad, por lo que, ya tomando en consideración tan solo este primer punto, nos vemos en la obligación de asumir que este es un terreno que se presenta intrínsecamente difuso, y que no se puede ver como un concepto definido con la capacidad de trasladarse y encajar de un contexto a otro.

A este respecto Jurij Lotman, realizó, en 1979, una definición de cultura, basado en la relación co-dependiente de esta con el lenguaje, en la cual ambos dan forma a una totalidad compleja. Designa al menos dos características básicas de la cultura: primero que esta "no puede considerarse un conjunto universal, sino tan sólo un subconjunto con una determinada organización" y por otra parte, la cultura se definirá a partir de una oposición binaria: la cultura es tal, en la medida que verifica la existencia de una "no-cultura", por lo que la cultura se demuestra ante esta interacción como "un sistema de signos".

Para la escuela de Tartú la funcionalidad de la cultura consistiría en "organizar estructuralmente el mundo que rodea al hombre." Esta estructuralidad se generaría a través de un "dispositivo estereotipizador", que se ubicaría en el centro de la cultura actuando como un "manantial vigoroso de estructuralidad"; el cual residiría en el lenguaje. También afirma que la cultura se alzaría como un fenómeno social, entendido como "memoria no hereditaria de la colectividad, expresada en un sistema determinado de prohibiciones y prescripciones", lo que para la semiología vendría a constituir un conjunto de convencionalidades que norman el mundo, incluyendo al lenguaje.

Por otra parte, en el contexto de la antropología, Néstor García Canclini, en los estudios para "Culturas populares en el capitalismo" afirma que la cultura constituiría "un tipo particular de producción, cuyo fin es comprender, reproducir y transformar la estructura social, y luchar por la hegemonía."

De esta forma, podemos apreciar que la cultura tiene la característica invariable de ser un conglomerado particular que nace de las sociedades, producto de las acciones humanas, y de la interacción de estas con el entorno, por lo que como premisa básica sobre la cultura, encontramos que debemos pensarla como un sistema estructurado de comportamiento, en el cual está inmerso todo individuo, sistema que incorpora convencionalidades, normas y leyes de aceptación común, y a través de las cuales se comprende, organiza y determina el entorno que rodea al hombre.

En consecuencia, la cultura se puede entender como una estructura, compuesta de los diversos ámbitos en que se desarrolla el individuo en la sociedad, y en este sentido, la cultura comprende un espectro mayor, no sólo a las expresiones artísticas. Estas vendrían a ser un aspecto de esta gran estructura, a pesar que la mayoría de las veces, cuando se menciona la palabra cultura, inevitablemente uno se remita únicamente a ese sentido de ella.

Las culturas de la cultura

Hemos de acotar nuestro ámbito de trabajo a la cultura artística, considerándola como producto de un sistema de expresión, que desarrolla y utiliza un lenguaje propio. A lo largo de la historia, el arte ha tenido diversas definiciones y funciones, entre las cuales se pueden mencionar el de ser medio de catarsis, educar, el de subvertir órdenes establecidos, crear conciencia. Pero sin duda el aspecto funcional que permanece y se transforma en constante, es el que dice relación con la expresión.

De esta manera, ha de considerarse macro y micro universos en la estructura de la cultura. Y desde este punto de vista la cultura de la expresión humana, entendida como el arte, vendría a definirse como un micro universo de una macro cultura. Este micro universo, es un conglomerado que no está ajeno a diversos conflictos que atañen a la sociedad. De hecho la posesión o carencia de ciertos bienes culturales, es uno de los indicadores que define la ubicación del individuo dentro de ella.

La cultura, más allá de todas las formas en que se ha definido, contiene dentro de sí un factor de gran importancia, que tiene que ver con su carácter instrumental. Este carácter se nos hace visible en la medida que contextualizamos el concepto de cultura dentro de la sociedad, comprendiendo otros factores a considerar, como lo es el ámbito político y económico en el cual están inmersos los individuos.

Este acopio de objetos, conocimiento, expresiones y pensamientos que comprende la cultura, tiene para la sociedad un valor que no es mensurable tan sólo a través de valores de mercado, sino que, es más bien a través de una fuerza invisible, que se encuentra en constante tensión. Por una parte, encontramos un valor ligado a la concepción mercantil de ella; esta característica proviene de una visión marxista del mundo, nace a partir de las nociones básicas que Marx aplica a la mercancía. A partir del minuto que se aplica esta característica a la cultura (la de mercancía), esta se convierte en un objeto con valor agregado, a la cual se podrá acceder mayor o menormente, dependiendo de la posición del individuo en la sociedad.

Y por otro lado, existe un valor inherente de la cultura, que dice relación al concepto de esta como instrumento. Néstor García Canclini le llama poder cultural, el cual tendría la capacidad de "naturalizar la arbitrariedad de los órdenes imperantes", es decir, que en términos sociales, dentro de una realidad circunscrita a dinámicas de funcionamiento impuestas por una clase dominante, mediante la cultura, aquella imposición puede ser suavizada o simplemente aparentar el sentido contrario, apelando a una causa común positiva. En este sentido, la cultura puede llegar a legitimar las instituciones que representan a una hegemonía.

Es así, que verificamos la importancia que se le asigna socialmente a la cultura, como vía doble y paradójica, de liberación del hombre de los procesos alienantes inherentes a las sociedades industrializadas y a los efectos de la modernidad, liberadora por su capacidad de canalizar expresión, por una parte; y de mecanismo instrumental para la reproducción de los modelos sociales, por otra; lo que deja al descubierto no sólo una problemática secular de las políticas y del avance capitalista, sino que también acusa la existencia de un terreno de disputa, de confrontación de poderes e intereses sobre este valioso instrumento para la consolidación de una supremacía social.

La desigual distribución de los bienes culturales

Según Pierre Bourdieu: "los bienes culturales, acumulados en la historia de cada sociedad, no pertenecen realmente a todos (aunque sean formalmente ofrecidos a todos) sino a aquellos que cuentan con los medios para apropiárselos."

Estos medios no son tan sólo de poder adquisitivo o monetario, sino también, medios intelectuales: "el sistema de educación de cada sociedad niega y entrega según la posición socioeconómica (como recursos para apropiarse del capital cultural); por lo que, en definitiva, reproduce también una estructura previa de distribución del capital cultural entre clases."

Existe un problema, por un lado, de poder, de dominación y por otro de contenidos, de intelectualización de las expresiones de cada grupo social en el ámbito cultural.

Esta desigual distribución de los bienes culturales en una sociedad, designa y determina niveles, a través de los cuales circularán los objetos artísticos, trazando circuitos de producción, circulación y consumo de estos bienes.

Nuestro objeto de estudio se plantea como una forma de evidenciar la problemática de la desigual distribución de los bienes culturales, que acarrea con ella, una categórica división de circulación y consumo de dichos bienes, estableciendo circuitos monolíticos y estáticos.

Dentro de este contexto teórico, que toma al ámbito cultural como su gran rango de acción, que dirige la mirada hacia la problemática de la desigual distribución de bienes culturales, y que pretende escarbar en algunos aspectos de esta situación en nuestro país; hemos definido criterios temáticos sobre los cuales trabajar: I) el patrimonio; II) la identidad; III) la historia, IV) las instituciones.

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