Cómo

En Líbano, conectarse a la red pública no garantiza recibir electricidad continua. Desde la guerra civil y durante décadas de déficit de Électricité du Liban, generadores de edificios, municipios y operadores barriales llenaron los cortes. Un negocio instala un generador diésel, tiende una pequeña red de baja tensión, mide o limita amperaje y vende una suscripción. El hogar combina entonces dos infraestructuras: red estatal cuando está disponible y red privada durante el apagón.

La crisis financiera iniciada en 2019 y el colapso del suministro en 2021 hicieron esa combinación más cara y menos estable. Hogares, comercios, clínicas e instaladores añadieron paneles solares, inversores y baterías, a veces manteniendo también red y generador. El consumidor dejó de recibir un servicio unitario y tuvo que convertirse en integrador: decidir qué cargas alimentar, conmutar fuentes, dimensionar almacenamiento y sostener el sistema con técnicos locales.

Esto es inventiva bajo restricción a escala infraestructural, no un conjunto de gadgets. La red paralela mantiene funciones que el sistema formal no entrega, pero distribuye acceso según capacidad de pago y puede producir contaminación, riesgos eléctricos y poder monopólico local. El auge solar tampoco equivale por sí mismo a transición justa: el costo inicial excluye hogares y los sistemas aislados no reparan la red común.

Documentación y alcance

El Banco Mundial documentó generadores individuales y colectivos ya en el periodo posterior a la guerra civil; Human Rights Watch describió tres modelos de propiedad y su impacto desigual. Informes más recientes registran el crecimiento de solar con baterías y la ausencia de un marco suficiente para generación distribuida. Las capacidades cambian rápidamente, por lo que se evitan cifras puntuales que quedarían obsoletas sin fecha.

Sources

Para seguir investigando